Su uso permitiría reducir la dependencia de cultivos con alto impacto ambiental, manteniendo la productividad y mejorando la calidad nutricional de la leche y la carne
ANA S. GONZÁLEZ
El interés científico por los insectos como materia prima para alimentación humana y animal se dispara. Cada año los investigadores publican más de tres centenares de artículos sobre esta temática; hace apenas dos décadas apenas superaban la decena. Entre sus grandes virtudes, figura su alto contenido en proteína y las ventajas ambientales de su producción.
Aunque buena parte de la investigación mundial se ha centrado en las harinas de insectos como fuente alternativa de proteínas, el Instituto de Ganadería de Montaña (IGM, CSIC-ULE), emplazado en el vecino León, pone el foco en un componente menos estudiado, pero de enorme interés, los aceites, que además están, a diferencia de las harinas, permitidos en la dieta de rumiantes en Europa.
Esto abre la puerta a su uso inmediato. Una revisión sistemática de la literatura científica reciente, liderada por investigadores del IGM, muestra que los insectos usados como ingrediente en alimentación animal contienen mayoritariamente ácidos grasos comunes en la dieta del ganado, como palmítico, esteárico, oleico o linoleico.
Sus porcentajes relativos confirman que se trata de grasas técnicamente comparables a las de origen vegetal. «La mosca soldado negra destaca por su riqueza en ácidos grasos saturados de cadena media, similar al aceite de coco o al palmiste, mientras que el gusano de la harina presenta un perfil rico en oleico y linoleico, parecido al del aceite de colza, soja o de girasol», asegura Pablo Gutiérrez Toral, investigador del CSIC en el IGM.
La composición puede, además, ajustarse modificando el sustrato de cría, lo que convierte a estos aceites en ingredientes versátiles y modulables.
Frente al reto de reducir su dependencia de materias primas importadas para alimentación, especialmente soja y aceites de palma, cuya producción está asociada a la deforestación, la pérdida de biodiversidad y a elevadas emisiones de carbón, los insectos se presentan como prometedora alternativa, eficiente y sostenible.
«El interés es doble, por un lado, disminuir la huella ambiental de la producción ganadera; por otro, modular la calidad nutricional de los productos derivados, carne y leche, a través del perfil lipídico de la dieta», concreta el investigador.
Uno de los estudios liderados por el IGM en los últimos años evaluó la sustitución del aceite de palma por aceite de mosca soldado negra en ovejas de raza Assaf. El ensayo demostró que el reemplazo del 2% de la materia seca del pienso por este aceite mantenía inalterado el nivel de producción de leche, sin diferencias ni en la eficiencia alimentaria ni en la fermentación ruminal.
Tampoco varió la composición de la leche, lo que evidencia que este ingrediente puede sustituir a lípidos de origen vegetal, de menor sostenibilidad, sin comprometer la productividad. Un trabajo posterior analizó cómo influye en la composición de la grasa de la leche y concluyó que aumenta algunos ácidos grasos considerados beneficiosos y reducen otros sin afectar a la producción ni la calidad general.
La institución leonesa colaboró con la Universidad de Turín (Italia) sustituyendo en la dieta de las vacas lecheras el aceite de palma hidrogenado por aceite de mosca soldado negra, sin cambios negativos en la digestión y en la composición de los ácidos grasos en el rumen. La producción lechera, sin embargo, aumentó en casi un litro al día.
Otro de los estudios analizó el aceite del gusano de la harina. En estudios in vitro con raciones típicas de corderos de cebo y de ovejas lecheras, se comportó de manera similar al de soja o a los destilados de palma, sin afectar ni a la digestión ni a la fermentación ruminal.
Todo ella lleva a Gutiérrez Toral a afirmar que los insectos constituyen una «alternativa sostenible y viable» para la alimentación de rumiantes y que sus aceites permiten reducir la dependencia de cultivos con alto impacto ambiental, manteniendo la productividad y mejorando la calidad nutricional de la leche y la carne.