Pie de foto: Vacuno de carne en el límite entre Piloña y Ponga. / O. Villa
Un modelo de futuro. Las escuelas de Collera acogieron este mes un gran debate sobre si el medio rural puede compaginar ser un destino de ocio y la despensa del país
OCTAVIO VILLA
Que el campo asturiano precisa redefinirse es palmario. Las antiguas estructuras de producción dieron lugar a un descrédito progresivo y a que varias generaciones se afanasen en que sus hijos se fuesen a la ciudad.
Un campo vaciado no completó, por otro lado, al menos en Asturias, la transición hacia una racionalización de dichas estructuras productivas hacia un modelo de maximización de la relación coste-beneficio. El resultado, un medio rural envejecido, con escasa productividad y que dio pie a la llegada de personas que buscan segundas residencias, lugares no de actividad económica, sino de ocio y reposo.

Turistas y propietarios de segundas residencias en Tapia. / O. Villa
Sin embargo, en los últimos años ha quedado claro que la producción agraria no puede responder sólo a criterios economicistas, sino también geoestratégicos y, en el otro extremo, también ecológicos, lo que ha vuelto a poner la llamada producción de ‘kilómetro cero’ en el centro de la escena.
Los vecinos de Collera, en Ribadesella, organizaron este mes, bajo el liderazgo de Nacho Bosch, un interesante debate sobre esta disquisición. Contribuyó poderosamente a enriquecer su visión una pequeña conferencia previa del excomisionado del Principado para el Reto Demográfico, Jaime Izquierdo, que puso a los vecinos de Collera ante algunas paradojas. «Antes, el monte se convertía en alimento; ahora, en pasto de las llamas», precisamente porque la desactivación del profesional agroganadero llena el campo de maleza.

Nacho Bosch presenta a Jaime Izquierdo en las antiguas escuelas de Collera, donde los vecinos organizaron la jornada. / O. Villa
Pero ¿puede convertirse a los pueblos, con su cultura y su modo de relacionarse entre los vecinos, en ‘fragmentos urbanos’? La experiencia de la pandemia apareció en el debate. Muchos neorrurales llegaron, pocos se quedaron y aún menos llegaron a integrarse. Y casi ninguno aprendió las formas de relación tradicionales, ni se sumó a una sextaferia –que también los autóctonos tienen cada vez más olvidada–. Bien dijeron al final del debate que éste daba para seguir toda la noche. Ni está resuelto, ni, siendo clave como es, lo estará en mucho tiempo.