Pie de foto: Uno de los lobos del cercado de Belmonte de Miranda. / O. Villa

Lespre. En marzo el Congreso aprobó la salida del lobo del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección. Los ganaderos creen que nada ha cambiado

SORAYA PÉREZ

Después de muchos años de debate político, el pasado mes de marzo, el Congreso aprobó la salida del lobo del LESPRE (Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial). En la teoría, esta salida implica que la especie deja de tener una protección especial y, por lo tanto, se podrá volver a someter a gestión por parte de los gobiernos autonómicos al norte del río Duero. Esta decisión fue aprobada con los votos del PP, Vox, Junts y el PNV.

La medida fue celebrada en aquel momento por algunas comunidades autónomas, como Asturias, que la consideraron un punto de inflexión tras años de reivindicaciones por parte de administraciones afectadas por los daños causados por el lobo al sector primario.

Sin embargo, y en la práctica, para los ganaderos y trabajadores del campo, desde la salida del lobo del Lespre nada ha cambiado. Y no sólo eso, sino que los ataques del lobo son peores que nunca. A esta difícil situación se suma la ola de incendios que han azotado a Asturias en el mes de agosto. Unos fuegos que están catalogados ‘de sexta generación’ por los expertos, debido a su carácter incontrolable y de rápida propagación. Ante ellos, los ganaderos vuelven a llegar a la misma conclusión: el abandono del campo, la excesiva protección de la fauna salvaje y la falta de prevención han sido caldos de cultivo perfectos para llegar aquí.

Así lo afirma el secretario general de Usaga, Fernando Marrón, que asegura que el Gobierno de Asturias «hipócritamente» está diciendo que quiere fijar población, y que quiere que exista relevo generacional, «pero al mismo tiempo protege al lobo, al oso y a toda la fauna salvaje. Desde que el lobo salió del Lespre no se ha hecho nada, siguen matando todos los días a nuestros animales y acabando con la ganadería», subrayó Marrón.

Sergio Suero, en su ganadería, de la que obtiene la leche de oveja, cabra y vaca para sus elaboraciones de queso Gamonéu. / O. Villa

Sergio Suero, en su ganadería, de la que obtiene la leche de oveja, cabra y vaca para sus elaboraciones de queso Gamonéu. / O. Villa

Añade que «lo que está pasando ahora mismo es producto, no del calentamiento global, sino de una gestión absurda y totalmente nefasta de la consejería de Medio Rural ».
También, el secretario general de Unión Rural Asturiana (URA), Borja Fernández explica que «no tenemos datos oficiales de las extracciones de lobo que se han hecho en Asturias. Ni tenemos conocimiento alguno de batidas. Esta consejería miente», afirmó.

Lo mismo piensa Mercedes Cruzado, secretaria general de Coag Asturias, que explica que lo único que cambió desde la salida del lobo del Lespre es el reconocimiento por parte de la Administración de que se necesita hacer un control poblacional con el lobo. «La realidad es que la situación del lobo es más que favorable y la situación que tenemos los ganaderos es todo lo contrario. No se nota esta salida del lobo del LESPRE en hechos concretos. No han habido extracciones, no se hizo absolutamente nada», asegura Cruzado.

Añadió que «sigue habiendo daños todos los días en todos los sitios. El lobo sigue matando animales y aquí nada cambia», condenó la líder de Coag Asturias.

Por su parte, el presidente de Asaja Asturias, Ramón Artime, indicó que «trabajamos como negros para conseguir la aprobación de la salida del lobo del LESPRE. Se consiguió, pero ahora lo que estamos viendo es que en la aplicación no tiene ninguna una consecuencia. ¿Por qué? Yo creo que las administraciones y más concretamente nuestro consejero, Marcelino Marcos, está más a favor del lobo que no de los ganaderos», dice Artime.

Los efectos para la ganadería
Las consecuencias del lobo para los ganaderos incluyen pérdidas económicas directas por ataques al ganado, daños colaterales como abortos, estrés y disminución de la fertilidad de los animales, y el desgaste psicológico por la constante preocupación. Además, la presencia de lobos puede generar conflictividad social y dificulta la viabilidad de la ganadería extensiva y la supervivencia de razas autóctonas.

En otras palabras, la presión de los ataques del lobo puede comprometer la viabilidad de la ganadería extensiva.