Pie de foto: tres mastines vigilan un rebaño de ovejas. / Javier Cotera

El IMIB estudia los impactos económicos, sociales y ambientales del uso de perros guardianes en la protección del ganado

ANA S. GONZÁLEZ

El lobo ocupa, según un estudio elaborado por el Principado y las comunidades afectadas por su presencia, el 83% del territorio asturiano. La inclusión de la especie en Lespre y la ausencia de control ha incrementado tanto los ataques al ganado como la sensación de inseguridad entre los habitantes del entorno rural. En 2024, la Administración regional abonó 1,5 millones por los daños causados por esta especie, la cifra más alta desde que existen registros.

La situación ha llevado a ganaderos a intensificar el uso de perros guardianes como medida preventiva, pero esa solución no es gratuita ni neutra. Los mastines, pieza clave para proteger al pastoreo tradicional, generan costes económicos, ambientales y sociales “que no se reconocen suficientemente”. Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad (IMIB) e Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León han publicado un estudio en la revista Sustainability en el que cuantifican por primera vez estas cuestiones.

Liderado por Javier Pérez-Barbería y Raúl Bodas, el trabajo estima que una explotación media con 750 ovejas necesita alrededor de cinco mastines y tres perros carea, perro de pastor leonés, para proporcionar seguridad al rebaño. El número de mastines crece en proporción al tamaño del rebaño -0,6 mastines por cada 100 ovejas-, mientras que el de careas se mantiene estable.

Los investigadores estiman que el coste anual medio por perro guardián es de 364 euros, alcanzando casi 500 euros en el caso de los mastines, una carga «considerable» para explotaciones de baja rentabilidad. Además, la huella de carbono de mantener estos animales equivale a cerca del 7% de las emisiones de toda la granja.

Mastines y los perros pastores desempeñan funciones complementarias pero distintas en los sistemas de protección del ganado. Los primeros son el principal elemento disuasorio contra la depredación de lobos, pero implican mayores costos económicos y ambientales y presentan un mayor potencial de conflicto social debido a su tamaño y comportamiento de protección.
El número de perros pastores está menos influenciado por la presencia de depredadores y su presencia se vincula principalmente para el control del pastoreo. El trabajo también advierte de conflictos sociales crecientes: un 61% de los pastores reconoce incidentes con los perros guardianes, principalmente persecuciones a ciclistas o caminantes. Por otro lado, cada perro puede causar muertes de fauna silvestre mientras realizan su trabajo.

«Los mastines son imprescindibles para la convivencia entre el lobo y la ganadería extensiva, pero suponen costes ocultos que recaen casi en exclusiva sobre los pastores», subraya el equipo investigador.

Los autores alertan de que, sin estrategias de apoyo y compensación adecuadas, la expansión de la población de lobos en España podría agravar la crisis del pastoreo tradicional, un sector ya en retroceso.

«Para que la política de la UE de convertir a los pastores de productores de bienes de consumo en gestores del medio ambiente natural tenga éxito, los pastores deben ser consultados y compensados por los servicios ecosistémicos que proporcionan a la sociedad y al medio ambiente. De lo contrario, el pastoreo en Europa, tal como lo conocemos hoy, tiene un futuro sombrío», señalan.

Asimismo, advierten de que la creciente conflictividad puede fomentar el rechazo social a la conservación del lobo. El estudio concluye que es urgente diseñar políticas de coexistencia que reconozcan el papel de los pastores como gestores de la biodiversidad y compensen los costes económicos, sociales y ambientales que asumen para garantizar la protección de sus rebaños.